Por una imagen amable – Santana Cazorla

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Vivimos en la era de la comunicación. A nadie se le esconde que la privacidad se ha convertido en un gran tesoro; cuesta mantenerlo a salvo. Pero si somos optimistas (y respetuosos), los medios de comunicación social son, hoy por hoy, un potente instrumento para llegar a todos los ciudadanos. Se trata de generar confianza entre nuestros turistas para superarnos cada día un poquito más.

La televisión, por ejemplo, conecta con la sociedad por lo emocional; de la prensa se dice aporta solvencia; la radio es la explosión del directo y lo digital (Internet y sus redes sociales) nos da interactividad, algo que poco a poco se ha introducido en nuestras vidas y sobre lo que aconsejo no quedarse al margen.

Y esto viene a cuento porque la cadena Divinity viene emitiendo un programa sobre las playas isleñas a través de los ojos de los que mejor cuidan y conocen nuestras costas: los canarios.

El buen humor está presente en todo momento. No hay ganas de herir, ni de afear nuestros defectos (que los tenemos). Tampoco hay presencia de políticos ni de asesores…, solo los usuarios y algunos turistas peninsulares y extranjeros a través de sus testimonios, impresiones y opiniones. Una idea genial.

El programa, que se llama Ola-Ola, logra su cometido. Viaja de las playas de Papagayo y Tías en Lanzarote, al Cotillo y Corralejo, en Fuerteventura, pasando por Las Canteras, Maspalomas y Playa del Inglés, para acabar en Las Teresitas, Puerto de La Cruz y Adeje.

Niños, jóvenes y adultos disfrutando de nuestro sol, de la fiesta de un día en la playa de forma desenfadada, sin tensiones institucionales ni carajeras políticas, supone un alivio para el corazón de cualquiera.

Seguro que la emisión no será del gusto de todos porque el sol siempre luce de forma diferente, pero la intención es lo que cuenta y el programa transmite unos valores aceptables en esta sociedad afanosa: amabilidad, cercanía, espontaneidad, hospitalidad y alegría.

Son cualidades de los canarios que deberían aflorar siempre. La ventaja del clima y de las condiciones naturales son la mejor tarjeta de presentación a favor de nuestros turistas, pero no podemos confiarnos. Podríamos profundizar en nuevos segmentos de negocio sin perder de vista lo que somos: un territorio afable, con gente cariñosa, divertida y dispuesta a arrimar el hombro. Esa generosidad está lograda en el programa y, así como hace unos años nos sacaron los colores de forma inadecuada, ahora se nos hace algo más de justicia.

El humor, con respeto, es una gran medicina para todos y si nos riéramos un poquito más, no solo la salud funcionaría mejor sino que conseguiríamos más unión y mejores resultados.

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