Por una solución urgente – Santiago Santana Cazorla

Santiago Santana Cazorla

Santiago Santana Cazorla

Los acontecimientos de las últimas semanas, me han permitido reflexionar desde la serenidad.

He asistido, con asombro, a un enconamiento (cabreo como dicen en mi tierra) entre las administraciones central y autonómica que en nada nos beneficia.

Empresarios, inversores, empleados y demandantes de empleo observamos con pena

cómo se derrochan esfuerzos en asuntos que, dado su interés general, deberían formar parte de un pacto de Estado que esté fuera de toda duda y, sobre todo, que se aleje de cualquier montaje electoralista que tumbe su razón de ser.

Me quiero referir, fundamentalmente, al recurso de inconstitucionalidad aprobado por el Consejo de Ministros contra la Ley de Rehabilitación y Modernización Turística.

Como ya he apuntado en anteriores artículos, Gran Canaria no sale bien parada en la aplicación de esta ley que, en mayo, cumplirá su primer año de vigencia.

El Gobierno regional han de saber que la Ley no cumple las expectativas de los nuevos hábitos turísticos, como el deseo de nuestros visitantes de hospedarse en alojamientos de cuatro estrellas.

Insistir en la rehabilitación cerrando las puertas a obra nueva para hoteles de cuatro estrellas, no entra en cabeza ajena. Y ahí, las empresas y los inversores estábamos ansiosos por ver cómo se flexibilizaba la normativa, tal y como anunció a comienzos de año el propio Paulino Rivero.

Ahora, en cambio, vemos cómo las dos administraciones inyectan más inseguridad jurídica sin ser conscientes del daño estructural que se ocasiona. El dinero es huidizo cuando huele problemas y la clase política de los grandes partidos nos está decepcionando. Además, el desarrollo turístico de las Islas pasa por empujar un modelo de servicios de excelencia y muy personalizado que gratifique la estancia de nuestros visitantes.

Para los turoperadores tampoco es una buena noticia que seamos presa de titulares porque la coyuntura les favorece. Fíjense como los mercados del Mediterráneo empiezan a despertar poco a poco a precios imposibles de igualar.

Todavía nos queda margen pero el tiempo se acaba sin que valoremos tampoco que los bancos están abriendo su cartera de créditos.

Mucho me temo que la moratoria formará parte de la batería de golpes de las elecciones. Es un desacierto y una irresponsabilidad con toda nuestra economía. No podemos esperar más porque el competidor nos gana terreno y, en esa posición, una isla sale desfavorecida: Gran Canaria.

En mi anterior artículo reclamé una cumbre del turismo entre todos los actores del negocio. Creo que la apuesta sigue legitimada con más fuerza tras el recurso del Estado. Ahora es el momento de unificar criterios para que la marca de nuestra gallina de los huevos de oro brille con luz propia.

De esa mesa han de extraerse conclusiones que obliguen a los partidos a tomar posiciones en una regulación que no puede interferir más en el progreso económico y en el desarrollo social y laboral de los canarios.

También en este tiempo de visión generalizada de Canarias, quisiera llamar la atención sobre las dificultades que entraña siempre buscar atajos a destiempo. Me refiero a las controversias sobre Repsol y la redacción del nuevo REF.

Son dos contenciosos complejos a los que me referiré más adelante desde una posición de observador, empresario y propietario de uno de los complejos más dinámicos de Canarias, el Grupo Anfi.

El pálpito que me llega es que esos atajos no traen nada bueno si mantenemos una actitud hostil entre partes.

Y, desde la benevolencia más sincera, me hago dos preguntas:

¿Es razonable que dudemos sobre los riesgos ambientales del negocio petrolífero tanto si perfora Repsol o si lo hacen las compañías autorizadas por nuestro vecino marroquí?

¿Es razonable que se tramite la posibilidad de destinar un porcentaje de la Reserva para Inversiones hacia países africanos cuando turismo y construcción disponen de decenas de proyectos empresariales que están a la espera de que la Administración dé luz verde?

El tiempo da y quita razones, pero ese es nuestro gran problema: que apenas nos queda tiempo.

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